La ignorancia que envalentona al futbolista y al exfutbolista

Gerardo Velázquez de Léon

La rivalidad y odio deportivo, claro que existen. Para quienes van a cobrar a un equipo y no entienden su historia, está de más explicarles

Hace tres años, un periodista de la BBC le preguntó a un profesor emérito de la Universidad de Loughborough, institución muy cercana a Leicester: ¿Qué es un clásico en el futbol?. El académico de Deportes y Teoría Social le contestó: “La rivalidad que los fanáticos necesitan, porque los hace sentir más importantes”. Sobre ganar o perder, dijo: “Hace que la gente se sienta bien, ese sentido de ‘nos tienen miedo’ o ‘somos mejores que ellos’. No es tanto odiar al rival, sino que ellos te odien a ti”.

Entender esto es complejo para la ignorancia y el poco nivel académico que tienen algunos de los exponentes del futbol mexicano, iniciando por Oribe Peralta y sus paleros en redes sociales, exfutbolistas que lo que necesitan son likes y atención, porque en sus carreras fueron tan grises que esa excelsa oportunidad que les han dado en los medios de comunicación la “aprovechan” descalificando a profesionales del periodismo, sólo porque éstos nunca tocaron un balón en un equipo profesional.

Un debate de muy bajo nivel, como la preparación de quien no entiende que el público se ofende cuando observa imágenes como las del sábado en el Azteca, donde —después de perder el partido prohibido— están pitorreandose. A ellos no les afecta, al fanático sí.

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Peralta se irá del Guadalajara sin pena ni gloria, sin identidad. Ahora se autoproclama el redententor de los jugadores estableciendo juicios de valor. La rivalidad y odio deportivo, claro que existen. Para quienes van a cobrar a un equipo y no entienden su historia, está de más explicarles.

De los titulares el sábado, sólo cuatro son de fuerzas básicas de Chivas: Gudiño, Sánchez, Sepúlveda y Macías; del América, dos: Ochoa y Córdova. Es decir, nula rivalidad, jugadores que van de paso y se conforman con cobrar sus jugosos salarios, sobre todo en Chivas.

Los aficionados sufren, son solidarios a la causa, les afecta perder. Para comprar camisetas y “hacer el caldo gordo” a la comercialización, vaya que son importantes, pero cuando se trata de respetarlos, les valen tres chapulines asados.
 

 

Alguna vez, en un programa, Oribe Peralta dijo: “A darle a las cabras, como siempre”. Hoy, esas cabras son las que le pagan; claro, autorizado desde la oficina de otro examericanista que ahora se dedica a dirigir deportivamente al equipo.

Jorge Vergara intentó regresar esa pasión por el Clásico. Prohibía contratar a examericanistas, no cambiar camisetas. Intentó lo que es normal en el futbol. Sería impensable ver a Sergio Ramos, después de perder, carcajeándose con Leo Messi.

La ignorancia es tan grande que hasta lo compararon con futbol americano, porque —cuando las aulas están lejanas de su realidad— aparece la demostración palpable de nuestro futbol.

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